Llegué al cubículo de manera imprevista. Todo lo que podía ver, era borroso. En algún punto se estrellaron los lentes. En otro punto se perdieron. La cortina que intentaba dar privacidad era obligada a danzar por un corriente de aire. Los frascos del estante tintineaban. ¿Estás en un hospital? Seguramente un consultorio. El estante de medicinas está repleto de formas variadas: gruesas, rectangulares, ovaladas, de plástico, llenas, a medio uso y completamente vacías. En los compartimentos debajo de las repisas que contienen los frascos seguramente están los materiales necesarios de curación (o para destazar, según sea el caso), pinzas de Kevorkian, bisturís, tijeras, queratomos de Jaeger y escalpelos. A través del estante se puede vislumbrar forzando a la imaginación a completar las imágenes a un ejército de demonios blancos atacar a un cuerpo. Un cuerpo que temblaba y suplicaba. La imagen del ejército se enfocaba y desenfocaba. Se veían manos correr, como quien ll...