Ana Ajmátova. La flor que jamás se marchitó
Es sabido que los libros y la vida de los otros nos hacen ser millones de kilómetros millones de otros tiempos. Vivir la vida de otros increíble maravillosa pesadilla. Esta era una poeta rusa a la que le arrebataron todo. Al igual que los torturados que sienten la bota sobre el cuello. Ana logró sacarse el barro seco de los pulmones. Respiro en el silencio de un poema. Se convirtió en poema. Fue el poema. Vomito hojitas y ramas floreció el cuerpo. Unos versos árbol verdes resplandecientes de anhelo rutilante. Cunado no te queda nada te aferras a una ventana una letra un árbol. La desobediencia tiene un siempre un costo la venganza arrebatos de aire talar el árbol tapiar tu ventana prohibir la tinta y el papel. El niño demoniaco que tortura criaturas vivas hizo saber que en la desesperanza es posible perder. Un acto más perverso que cruel. El armatoste gigante de acero con su maldita forma te vigila desde tu ventana te acosa te observa te reclama. Y entonce...