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Inefable misterio

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  (Cuando diga Roberto Calasso e Ingeborg Bachmann irremediablemente voy a pensar en ti) El editor  está sentado  esperando la muerte. El tiempo  no sé detiene. No hay abandono. No hay olvido. Solo está  esta maldita  espera interminable. Algo somete al cuerpo. Algo irrumpe en el cuerpo. ¿Cual será  su último cuidado? La última mirada  al renglón. Riega verbos corta adverbios  muerde y poda predicados. Se enternece  entre las espinas de un ensayo. Fue feroz. Tráfico historias. Le cortó la cabeza al hijo en el momento justo cuando comenzó  a tener más abortos  que partos. Los libros no juzgan  Algo se deteriora  Algo se hunde Ambigua oscura Desaparición confusa. Un fantasma recorrerá los libros las bibliotecas las librerías quizá  te encontremos ahí en las palabras cortadas de doliente poesía 

Espectros

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 Hay un fantasma  que habita en mi revive y ronda cuando evocó  el último trago de cerveza  en la fiesta  a la que no fuimos. Un fantasma  que visita  los sitios que eran nuestros. Lugares donde  ahora nunca  nadie me espera. Hay un fantasma  que habita en mi cuando piso la misma escena  con diferentes actores. Un fantasma  que faltó aún concierto  porque bien sabe  que llorará una canción  que no existe más. El fantasma  soy yo conformado por la nube  del recuerdo  lo que fue mi vida  lo que fue tu amor.

Llamado y presagio

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  La palabra  de aliento pobre presagia  tu presencia  en medio de la extenuación húmeda  y la ciudad vivamente monstruosa  La palabra  silenciosa  en medio de la misma piel que palpita  en los sonidos turbios  y el mismísimo augurio  de medio morirse mientras conquisto tu rostro quebrado 

Opinión no pedida

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 Ayer  alguien me dijo que mi bicicleta  esta vieja sucia descuidada. Seguramente  ese alguien no tiene lo que  mi bicicleta. Una libertad vieja sucia descuidada.

ARDER LAS PALABRAS COTIDIANAS

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Dices mi mujer  como se llama a las cosas  sin patria sin pertenencia. Mi perro  mi mano mi camino. Mi mujer dices como la hierba que crece. Entonces todo arde y se detiene incinerando la punta de los labios. Mio y tuyo se entrelazan  en la venas del otro. Algo  se ha desvanecido. La respuesta al miedo es si logró decir mi nombre con la punta de mis dedos donde toda ceniza dispersa la piel. ¿Como llamó a las cosas? si no son mias y nada me pertenece No es  mi silla ni mi gato ni siquiera mi pie Cuando dices mio presiento ese final lo que siempre queda el delicado deseo del verbo olvidar Tu mano sobre mi y como solías decir mio lo que ahora no quieres ni deseas más

Ana Ajmátova. La flor que jamás se marchitó

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  Es sabido  que los libros y la vida de los otros nos hacen ser millones de kilómetros millones de otros tiempos. Vivir la vida de otros increíble maravillosa pesadilla. Esta era una poeta rusa a la que le arrebataron todo. Al igual que los torturados que sienten la bota sobre el cuello. Ana logró  sacarse el barro seco de los pulmones. Respiro  en el silencio de un poema. Se convirtió en poema. Fue el poema. Vomito hojitas y ramas floreció el cuerpo. Unos versos árbol verdes resplandecientes de anhelo rutilante. Cunado no te queda nada te aferras  a una ventana una letra un árbol. La desobediencia tiene un siempre un costo la venganza arrebatos de aire talar el árbol tapiar tu ventana prohibir la tinta y el papel. El niño demoniaco que tortura criaturas vivas hizo saber que en la desesperanza es posible perder. Un acto más perverso que cruel. El armatoste gigante de acero con su maldita forma te vigila desde tu ventana te acosa te observa te reclama. Y entonce...

Joy division

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  El traqueteo del vagón en el que viajas es muy similar al traqueteo del tren que alguna vez se dirigió a Treblinka o Sobibor.No importa cuánto transcurra el tiempo, los medios de transporte no cambian tanto.Las vías interminables del tren y del metro nunca se tocan. No importa en qué ciudad del mundo. Tus audífonos son anticuados.Tienen aún cable.Los sostienes con tu húmeda y nerviosa mano.En el dispositivo celular suena una lista de reproducción: joy division greatest hits. El calor es sofocante.Son, somos demasiados en este ciudad monstruo.Desplazarse es cansado.Más en la denominada hora pico. Pero ha estás alturas de la vida, cualquier hora es  incómoda para existir. La música te envuelve. Te evade. El traqueteo constante así como la parada de cada estación se vuelven más soportables. Con una una  sonrisa limpida, una playera negra,unos jeans ajustados y unos tenis de acerca a ti. Contempla la pantalla brillosa del dispositivo y pregunta -¿Qué escuchas?- Sus miradas ...