ARDER LAS PALABRAS COTIDIANAS









Dices mi mujer 

como se llama a las cosas 

sin patria

sin pertenencia.


Mi perro 

mi mano

mi camino.


Mi mujer dices

como la hierba

que crece.


Entonces todo arde

y se detiene

incinerando la punta

de los labios.


Mio y tuyo

se entrelazan 

en la venas del otro.


Algo

 se ha desvanecido.


La respuesta al miedo

es si logró

decir mi nombre

con la punta de mis dedos

donde toda ceniza

dispersa la piel.


¿Como llamó a las cosas?

si no son
mias

y nada me pertenece


No es 

mi silla

ni mi gato

ni siquiera mi pie


Cuando dices mio

presiento ese final

lo que siempre queda

el delicado deseo

del verbo olvidar


Tu mano sobre mi

y como solías decir

mio

lo que ahora no quieres

ni deseas más








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