El temblor, merece una crónica.
Llegamos al lugar indicado. Estábamos a salvo. En ese momento hermanos menores y mayores se reunieron con el amor más puro y sencillo: tomarse de las manos, darse consuelo, abrazarse y besarse: la oración de día fue: ¿Estas bien?
Fue una experiencia terriblemente única, un cuento de terror narrado en tercera persona, pues yo deje de existir un rato.Toda mi atención ,amor y preocupación la tenían mis alumnos. La fragilidad de su ser y el mio fue algo palpable

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